TiraEcol

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miércoles, octubre 07, 2009

Intento de Disculpa

Si alguno tuviera una idea de la cantidad de posteos mentales que se me ocurren por día; mínimo dos, que van desde la genialidad absoluta hasta la ridiculez más profunda. Pero los posteos mentales los olvido tarde o temprano y de mis momentos "Soy un genio" nadie le puede sacar provecho si están en mi cabeza

Sí, tal vez he puesto mal las prioridades. Mi rutina de Trabajo-Comida-Baño-NWN-Gaby-Trabajo-Clases Ocasionales-Dormir nunca contempló el postear algo en Crónicas. No últimamente, por lo menos. Pero me he ido dando cuenta que el postear algo se me está haciendo una necesidad que trató de olvidar o desviar con otras "necesidades". Pero la verdad, ¿por qué abandonar un proyectito tan bonito como mi blog?

Así que vamos de nuevo. Intento de postear pseudo regularmente número 338534.

domingo, enero 18, 2009

Crónicas Malditas del Sábado

5 días de Inanición no matan a nadie... ¿Verdad?

5 días de no comer, con una trayectoria de comer repostería fea y pequeña el Miércoles y una olla de arroz mini que para nada funcionó el Viernes. Y ya les cuento porque.

El sábado empezó como ningún día había empezado en todo este tiempo. Levantarse a las 6, bañarse rápido y salir para San José; claro, levantarse a las 6 realmente significó levantarse a las 7, porque me quedé dormido, jeje. Como Crónicas ya sabía, el Sábado tenía mi cuarto curso de la Ulashit, Procesos Químicos, y aunque me sonaba mucho a la Química General que ya había llevado (y pasado con una nota de 100), igual fui porque esperaba un programa diferente. Llegué temprano, preocupado por conseguir 300 colones para poder ir luego a Moravia, y justo a la entrada de clases, me topé con una compañera del curso de Project que es profe de Física y con su bendición y sonrisa, entré feliz a la clase con los 300 que necesitaba. Empezábamos bien.

Pasaron una hora y media y yo ya sabía que Procesos Químicos era exactamente igual a Química General, y extrañado y poco dispuesto a pagar 25 mil colones por un libro de algo que ni me gustaba, hablé con el profesor a la salida del break. 20 minutos después estaba abajo, en admisiones, quejándome del porque estaba llevando un curso que me debieron haber validado, teniendo la opinión del profesor a mi lado; si yo había pasado Química General, me dijó él, no debería estar llevando Procesos Químicos. Y luego de una espera en la "escuela de Salud Ocupacional", que no es más que una pequeña oficina, tuvé la charla con el encargado, vi sus caras de frustación, exasperación y enojo y salí feliz, porque me había dicho que ya la convalidación estaba lista y sólo tenía que retirar la materia de Procesos. Y quedé aún más feliz cuando al irla a retirar y quejarme profusamente por un pago de 20% de recargo que yo no debía hacer porque no fue mi error matricular ese curso, salí de la Ulashit más temprano de lo que debía y con Silvia, la de admisión, diciéndome que ella se encargaría de que yo no pagará nada. O sea, mi Sábado iba cada vez mejor.

Así que me monté en el bus, ya sintiéndome mareado por los efectos de no comer, me bajé por la casa del pequeño, subí la cuesta, me encontré con algunas señoras que hacían encuestas conmigo (que tenían cara de malhumoradas y luego me daría cuenta porque), entré a la oficina sonriente, saludé a todos (cosa que casi nunca hago) y esperé que se vaciará la oficina un poco para recoger mi cheque... ¡Pero Oh Sorpresa, eso no era posible! Que no sé que problemas habían con mis encuestas que no habían logrado validar direcciones y teléfonos por lo que mañana tendría que ir a hablar con Hugo, ver que pasó y recoger, ojála, mi cheque. ¿Qué demonios? Yo ya había hablado con Hugo sobre eso, y le dijé que cancelará 5 encuestas que yo no podía validar y cuando había llamado el Viernes en la tarde, igual la secretaria me había dicho que fuera el Sábado a recoger mi cheque... ¿¿Entonces, por todos los demonios de Jerusalén, por qué no me daban mi cheque o me lo habían dicho antes??

Sí, me fui, más que molesto, agüevado. Desde que me dijeron el "venga el Lunes", ya sabía lo que me esperaba. No comer todo el fin de semana, no pagar el celular, no pagar los recibos que quería, no comprar la batería para el mouse inalámbrico para poder trabajar sin tener que usar el mousepad loco que a veces funciona bien y a veces no. Y eso, eso hace de estas crónicas toda una maldición.

Desde ayer, no ha pasado mucho en mi vida. Llamadas a Gaby en el borde de la desesperación, mareos, doble visión, delirios pequeños, dormir mucho, dolor de cabeza insoportable y una pequeña cuota de felicidad que me han dado los del clan de RO, especialmente con Alex y Rouse que por alguna razón, se preocuparon demasiado por mi situación y me hacían reir al mismo tiempo que se maldecían por no vivir más cerca y ayudarme; eso, para todos los efectos, me hizó feliz. No menos feliz, por supuesto, me han hecho las cortas llamadas para Gaby, con broche de oro en el hecho de que por fin, mañana regresa. Ahora, más que cualquier ayuda que Gaby me vaya a dar, porque la conozco lo suficiente, lo que espero con ansías es poder verla, abrazarla y si insiste mucho (espero que no lo haga), hasta llorar un poquitín... Ojala que eso no pasa porque ella tiene ese talento para abrirme como una mandarina y sacarme todo lo que tengo adentro... Mmmm... Que rico una mandarina.

Entonces ahí vamos. Aguantando el hambre, lo que se hace díficil con que minutito que pasa, y esperando que sea mañana ya, para levantarme temprano, sacar fuerzas de donde no tengo, e ir a la oficina. Si me alegan mil cosas sobre mil encuestas, realmente no me importa; otro Simón tal vez se hubiera tirado sus buenas horas ahí peleando y discutiendo. Pero este Simón, el que tiene mucha hambre, simplemente desea suficiente dinero para poder comer algo, lo que sea, y para poder pagar unos cuantos recibos que tiene pendientes. El alquiler y aún más, la deuda gigante que posiblemente en lugar de disminuir va a aumentar que tengo con Gaby, eso va a ser un poco más díficil de solucionar. ¿Verdad?

Pero no me entiendan mal. Había dicho hace poco que ya había salido de la depresión que tenía antes y es verdad. Por alguna razón, estos cinco días me bajaron y todo, pero no me hicieron caer en mi estado "EMO". Sigo pensando que todo pasa por una razón, y que siempre hay un lado muy positivo en todo. ¿Que no he comido en 5 días, no tengo dinero ni para comprar una batería y ya llevó 2 días atrasado con el pago del alquiler? Eso lo voy a solucionar, porque todo está definitivamente bien. Aunque el trabajo con Arnoldo está en pausa temporalmente, espero ya que el Lunes, con comida en la pancita, baterías en el mouse, y páginas que funcionen a la perfección, empezar a ganar dinero con eso. Con lo de las encuestas, no espero que me den un nuevo proyecto todavía. Y sea como sea, ya con Gaby la vida se vuelve más bonita por estos lares, aunque la cocina lleve tiempo sin ser usada, falte mucho cloro en algunas partes de la ducha y este cuarto este extrañando una buena aspiradora.

Eso sería todo por ahora. Como que no me dan las ganas para escribir mucho, aunque siempre lo terminó haciendo... Al fin y al cabo, es mi naturaleza escribir mucho, jeje.

Besos y abrazos a todos... ¡Ciauuu!

sábado, noviembre 22, 2008

Un día de trabajo que no existió...

Diganme que tengo que trabajar con lluvia, y yo con gusto lo hago. Pero no me digan, nunca, que me van a hacer caminar y sufrir para nada, porque por eso hasta puedo llegar a matar...

Hoy, a las 11:31 am, debería de estar en la U, haciendo encuestas, tal vez con un delicioso desayuno en la pancita, y muriéndome de frío pero feliz. Pero en lugar de eso, estoy sentado en mi escritorio, en mi casa, con un dolor de cabeza de la gran puta, con dos camisas y con toda la ropa que andaba puesta empapada... Y aparte de eso, muy molesto.

Desde el Jueves, en que el bus para ir a al entrevista de Teletech no llegó y perdí un día de trabajo por una estupidez, me di cuenta de mi problema: Me mataba buscando un trabajo ideal, y altamente utópico, pero descuidaba los trabajos reales que ya tenía. Así que tomé la decisión de dejar de buscar (si algo mejor llega, pues mejor), y ponerle full time y full ganas al trabajo que ya tenía, o sea, el de hacer encuestas. Ayer entonces, me maté trabajando por lo menos unas 5 horas, hasta las 6 de la tarde, y aunque sólo logré sacar 6 encuestas, me monté en el bus de la U feliz, porque había trabajado y dado lo mejor de mi.

Hoy, hoy les había dicho a los maes esos que iba a llegar tipo a las 9 y media. El plan era llegar temprano, cobrar viáticos, recoger nuevas encuestas y dejar las de ayer, y salir corriendo a la U para agarrar a la gente que a pesar del frío y la lluvia, estaba en la U. Y después, iba a ir al Mall y a San José si era necesario. Me levanté temprano, felizmente hablando con Gaby y salí a la calle, con una lluvia y vientos de leves a medios, pero tranquilo porque creía que todo iba a salir bien. Pero supongo que los dioses siguen contra mí...

Llegué como a las 9 y 20 y como no había nadie, y estaba lloviendo, me senté en una esquina sucia bajo un techito mínimo, a esperar. 40 minutos después estaba convencido de que nadie iba a llegar antes de las 10, y tenía un pequeño presentimiento de que por la lluvia, por el frío o quien sabe porque putas razones, nadie iba a llegar; metí el presentimiento entre la bufanda y me negué a admitirlo como certeza absoluta. Pero 60 minutos después, dos horas en que estuve sentado en la misma esquina sucia porque sólo llovía más fuerte y con más viento, y en un momento en que se me estaba bajando la presión y todo se ponía negro, me levanté y empecé a caminar de regreso: A nadie le dió la gana llegar a la oficina, y sabiendo que yo iba a ir temprano, a nadie se le ocurrió tampoco siquiera llamarme y avisarme. Por supuesto, estoy demasiado enojado... Ni las mil llamadas a la oficina, ni intentar hablar con ex-Chewie sirvieron para que alguien me explicara que había pasado...

El Lunes, cuando vaya, alguien se va a a ganar una puteada, eso lo pueden jurar; si sería cortés (para no perder el trabajo sería lo más lógico) o un poco elevado de tono, no sé. Porque dudo mucho que a ellos les importe la plata que perdí hoy por las encuestas que no hicé, o que ahora me siento mil veces peor que en la mañana, o que como no había nadie para pagar viáticos, posiblemente no voy a comer en dos días seguidos... De hecho... ¿Hay alguien que le importen esas cosas en este momento? Creo que sólo Gaby...

Pero bueno, por lo menos algo me "alegró" el día: El momento TNT (Pasa en las películas, pasa en la vida, pasa en TNT) del día. Un perro, mojado y callejero, me salió al paso por la Princesa Marina y viéndolo bastante parecido a mí (Mojado y perdido), le hicé cariñitos un rato y seguí mi camino. Lo que no sabía en ese momento es que ese mismo perro me seguiría TODO el viaje a mi casa, cruzando calles, corriendo cuando yo caminaba rápido, esperándome cuando yo caminabla lento, y etcs... Como por cuarenta minutos perro y "idiota" (por haberme levantado y caminado para absolutamente nada) caminamos juntos, en contra de la lluvia, el viento y los taxis malparidos que nos "pringaban" cuando pasaban rápido por los charcos gigantescos. Obviamente, me enamoré del bendito perro, como es obvio también que no me lo podía quedar. Así que cuando llegamos a mi casa, y aprovechando que se había adelantado, le dije un adiós suavecito, abrí el portón, entré, lo cerré y subí las gradas corriendo. Pero el perro, que no le pusé nombre para no encariñarme más, se devolví para buscarme y cuando me vió arriba a punto de entrar a mi casa, intentó entrar, sin lograrlo. Y en un segundo en que se volteó para ver a un mae en bicicleta, me metí rápido y cerré la puerta. El último recuerdo que tengo de "mi perro por una hora" fue de él buscándome y cuando no me encontró, bajar la cabeza un segundo, volverla a subir y seguir caminando. Ojala que le vaya bien a mi perro.

¿Qué me extendí más hablando de un perro que de la falta de trabajo de hoy, y eso es ridículo? Pues sí, es ridículo. Casi toda mi vida es ridícula, dependiendo de como uno lo vea. Es ridículo, por ejemplo, que no me atreva a llamar a Gaby para contarle lo de hoy porque me de vergüenza que me conteste la mamá, quien pienso debe de odiarme o por lo menos, no considerarme como me consideraba antes, y todo por mi culpa... Pero bueno... ¿Qué le vamos a hacer?

¡Besos y abrazos de un Simón con mucho frío!

miércoles, diciembre 27, 2006

Una Navidad en donde se aprende por la familia

Parece que ya escribir todos los días ha dejado de ser una constante en este diario que deja de hacerle honor a su nombre; cada vez estoy menos en mi casa o tengo la disposición real de escribir. Pero si por un lado ya no describo ni cuento de forma regular lo que me pasa, eso no quita el hecho de que amo la sinceridad y narrar mi vida sea como sea. Por esto, hoy habremos de narrar los acontecimientos de esta “navidad”, en donde cuatro charlas coronaron lo que prometía ser un dulce sufrimiento; la división ahora será: En medio de la fiesta, Charlas con David, Charlas con Richy y luego del final.

En Medio de la Fiesta
El despertar luego de una noche compartida con otras dos almas en mi cama se mostró diferente pero incómodo; tanto mi espalda como mi cuerpo acostumbrado a dar vueltas reclamaban la noche, Luego de vacilar, jugar, bromear, sacar lenguas y dirigir ojos molestos pero juguetones, partí con la esperanza de conseguir desayuno, pues una charla que no me incumbía se veía hervir en el ambiente; además, yo tenía mi propia discusión en espera. Había por fin decidido ir a la cena navideña con mi familia, llegando al punto incluso de ir temprano para ayudar a limpiar y demases, aún si tuviera que soportar la presencia de aquella amiga, y novia que ya no era ninguna de las dos. Comimos y ya bañados todos, caminamos hacia el centro de mi hermosa ciudad para dejar nuestra integrante estelar a sus propios designios; no pude evitar notar que algo pesaba en el corazón de Percantilla. Pero había compras de amigo secreto que realizar para mi mamá/amiga, por lo que pasamos con rapidez a comprar una velas e inciensos, para luego pagar para que fueran empacados usando mi pereza e inhabilidad para tales actividades como excusas, y finalmente, cogiendo con un despliegue de vagancia un taxi para que nos llevará por fin al hogar, a mi mejor amigo/hermano y a mi. Y llegamos, con cara de cansancio ambos, pero esperando que esa noche fuera grandiosa; no fuimos decepcionados.

Pasamos limpiando toda la tarde, entre un cigarro recorriendo la limpieza o muestras de desprecio ante tanto caos. El caso es que por fin, en algún quiebre entre el tiempo y el espacio, terminamos la limpieza del hogar que tanto quiero, pudiendo apreciar un nuevo acomodo de muebles, ese tele gigantesco sentado en la habitación principal o esa cocina nueva y soberbia mirando con desdén el resto de sus compañeros. Dormimos entonces, como dioses que han terminado su creación, esperando simplemente ya los invitados que pronto llegarían. Cabe hacer notar que como buenos ticos, nadie llegó temprano, teniendo ambos jóvenes tiempo suficiente para bañarse y arreglarse, deleitándose ante el buen trabajo realizado. Y así estábamos en aquel momento en que mi mamá/amiga llegó con su caballo magnificente, con tres ocupantes nuevos: La mujer que tanto hice sufrir, el hombre que tanto me hizo sufrir en algún momento, y un hermoso perro que coronaba la unión entre los dos; digamos de una vez que la primera mencionada, mi ex amiga, ni siquiera se digno a saludarme, empezando con broche de oro una noche que en algún momento temió por tornarse infernal.

Mi depresión de días pasados se reavivo con ese simple hecho; aquella mujer que tan amistosa se había mostrado en nuestro encuentro pasado solo tenía ojos para los demás menos para mí y más aún al mismo hombre de aquel fin de semana. Todos me decían que mejorará mi ánimo, que disfrutará, que fuera feliz… Y realmente lo fui. Aún cuando hubo uno momento en que mi mamá/amiga me tuvo que decir que no era lógico sentir celos por las constantes muestras de cariño entre ese hombre que se mostraba cada vez más grande y sabio y una joven que bien podría ser su hija, como me hizo notar mi amiga , y que esas miradas de negrura en medio de tanta luz estaban de sobradas, igual me di el lujo de bailar, abrazar, llorar, reír, cantar, celebrar, jugar, bromear, charlar, pensar, comer y procurar en cada segundo dejar de lado ese lado pesimista que aunque todavía latente, se empezaba a empequeñecer. Con tal espíritu puedo afirmar que ha sido la mejor navidad que mi alma ha tenido el placer de disfrutar.

Ya los regalos habían sido dados, provocando lágrimas a la persona que yo le regalaba, a una de las mejores maestras y alumnas, y causando una terrible admiración a la persona que me regalo a mí, un hombre grande, amoroso, intuitivo y hermoso, regalo que dicho sea de paso, tendrá el privilegio de ser leído solo y con cuidado, pues la alquimia y símbolos se merecen ser estudiados. Ya había pasado también el discurso de ese miembro nuevo y magnífico de la familia, en que todo resentimiento que pude haber sentido por él se disolvía; ya todos los que tomamos también habíamos consumido una buena cantidad de licor, hecho que es importante hacer notar. Recuerdo que en medio de todo, él se separo del grupo para atender a su joven y perruno hijo, como frecuentemente terminaba haciendo, y yo, en virtud de una intuición grande, lo seguí, sentándome a su lado sin decir palabra alguna; realmente, era innecesario decir algo, pues ambos sabíamos que habría de pasar. Pasemos entonces a la sección de Charlas con David.

Charlas con David
Creo reconocer en David uno de los infinitos futuros posible para mí: Viajero, libre, inteligente, curioso, original, artista, enamorado de la vida y el todo, grande e intuitivo. Apenas me hube sentado con él me pregunto que pasaba entre él, yo y la mujer que amo todavía. Se lo explique todo, dominado no sé todavía si más por el licor consumido o por la confianza que terminaría entregándole al final: Mis impresiones del fin de semana aquel en Arenal, mis impresiones en ese momento, el hecho de que todavía me daba el lujo insensato de amarla. Me dijo dos cosas… Una era que ella no me daba el cien por cien y que talvez no me lo llegaría a dar nunca y que tenía que darme cuenta de eso… Lo otro fue que ese sufrimiento, esa melancolía era lo que me motivaría a escribir cosas grandes, poemas maravillosos como aquellos que por X o Y razón deje de escribir hace mucho, y que el hecho de verla amando o coqueteando con otro sería necesario si quería ser grande. Tuve que admitir su verdad, el hecho de que el buen poeta necesita sufrir para describir con palabras nuevas lo mismo de siempre, el hecho de que la poesía es como una batalla para ganar un amor que se muestra perdido desde un principio, una batalla eterna en la que a la larga, no hay perdedores ni ganadores, sino simplemente experiencia. Pero en todo, había una parte mía que se negaba a admitir que los únicos poemas buenos venían del dolor y sufrimiento, del rechazo y de los imposibles, parte que terminaría teniendo una conversación diferente esa misma noche, la cual será detallada en otro apartado. El caso es que esa noche, terminamos abrazándonos, yo diciendo gracias, y él simplemente aconsejándome que siguiera enamorado de esa mujer grande, por el simple hecho de que no me amaba ni quería cien por cien, y por el simple hecho de que los poetas solo somos felices con ese cien por cien; que la usará para escribir magníficos poemas. Curioso que realmente sea cierto lo que dijo: Los poetas queremos el amor que tanto escribimos, ese amor perfecto… Pero o lo encontramos y dura minutos, o solo logramos hallar imitaciones casi perfectas pero burdas del mismo… Esa búsqueda fracasada pero constante es lo que nos mantiene creando, pintando con palabras ese amor perfecto que esperamos todavía encontrar. Todos estos pensamientos hervían en mi mente, hasta el momento en que dormí cansado, solo para levantar con lo mismo en la cabeza.

Todos nos levantamos cansados, con ojeras, pero sonrientes; había sido una noche que quizás algunos no llegaríamos a olvidar. Lavé, me bañe, jugué, vagueé, di vueltas sin hacer realmente nada, hasta un momento en que todos partieron, dejándonos a ese amigo/tío y a mi nuevamente solos, momento propicio para continuar cualquier cabo suelto de la noche anterior. Sin yo decir nada, él termino abordando el tema, pidiendo perdón por cualquier cosa que habría dicho esa noche navideña, alegando que tenía su buena cantidad de alcohol en la sangre. No pude menos que reclamar lo equivocado que estaba al pedir perdón, pues lo que había dicho me parecía con toda la lógica del mundo, pidiendo yo mas bien gracias por su ayuda. Continuo diciendo como yo no merecía alguien que no me amará cien por cien, como poeta, como ser humano, y como yo; que el dolor y sufrimiento del que hablaba la noche anterior era ese melancólico pero grande, no ese que nos rebaja la autoestima; que si una mujer no nos daba ese cien por cien era simplemente por que no éramos su tipo, no porque tuviéramos algo malo; que si el ángel no me amaba era simplemente porque no era yo la persona indicada para ella, pues sino lo hubiera dado todo.

Le hablé de mi teoría de la receta del amor, con la cual concordó, añadiendo que la receta uno la recuerda, no a pedazos o etapas, sino por completo, cuando uno consigue esa persona ideal, esa mujer o hombre que me esfuerzo todos los días por materializar; esa alma que reuniera las tres partes del trípode de relaciones perfectas, si tal cosa existe: 1. La piel representando la unión sexual, intima y grandiosa, la conexión carnal. 2. El corazón o esa chispa que como bien diría mi tío, no se puede forzar porque se mata aún más, pues surge en el momento, pues es intuitiva y no racional… Esa chispa que yo todavía tengo cuando pienso en esa mujer hermosa que mueve mi corazón, chispa que ella ya no posee, pues sino seguiría todavía conmigo. En fin, la química, el sentimiento, el amor, el calor, la conexión de almas. 3. Y por último, la mente. Esa interacción de experiencias y opiniones de grandezas iguales, ese crecimiento conjunto de aprender y recordar cosas viejas y nuevas que solo se logra cuando ambos seres son suficientemente iguales para no matarse por sus creencias, y suficientemente diferentes para aprender cada uno algo nuevo del otro siempre, sin trabarse en esos silencios de reconocimiento que tanto poblaban los espacios con la misma mujer de la que hablo en este día; en fin, una conexión intelectual. Si no se tiene alguno de esos ingredientes bien dispuesto, la plataforma cae y el trípode se rompe; cuando eso pasa, la relación se debe dejar, siguiendo siempre esa búsqueda del amor perfecto. Aquí fue donde la conversación vario a la de ayer, pues la recomendación en ese momento fue seguir todavía con la ilusión del amor por esa mujer, pero que siguiera buscando… Cuando llegará a conocer esa persona que tuviera inherente mi receta del amor, le dedicaría mi corazón completo a ella, olvidando “ipso facto” a esta mujer que amo ahora, relegándola al plano de la mejor de mis amistades… También podría ocurrir que la sustitución ocurriera simplemente cuando conociera un amor más grande que el que tengo ahora, pues si todavía amo a esta mujer, es por que no he experimentado por el momento sentimiento igual; en todo caso, mientras llegué ese momento, puedo darme el lujo de seguir amándola. Siempre y cuando recordará que no debía bajarme esta querida autoestima, todo y cuando recordará que aunque él personalmente seguía sin saber de su persona con la receta del amor, la seguía buscando, viviendo, amando, sufriendo. Y así, concluyeron las charlas con ese tío que la última noche terminé diciéndole lo mucho que lo quería, lo mucho que confiaba en él y lo mucho que le agradecía todo; lo vi partir con un corazón encogido pero contento, esperando nuestro próximo encuentro para poder abrazarlo. No es todos los días que se gana una familia tan grandiosa.

Charlas con Richy
El tío al que por alguna razón, todavía no llegó a decirle como tal; un hombre sensible, parecido a mí en su versión madura que ha vivido, sufrido y recordado mucho. Tal es la persona que sin yo decir nada, miraba con ojo conocedor mi desgracia oculta o mis preocupaciones actuales. Varias veces me pregunto como estaba, curiosamente precisamente en los momentos en que más hecho mierda estaba; valga decir que siempre alegaba que estaba perfecto. Pero después de escucharlo durante la noche, de verlo compartir con mi otro nuevo tío, me vi obligado a hablar con él unas cuantas palabras antes de que partiera, y movido por semejante propósito, lo acompañe hasta su auto, todavía con las risas a nuestras espaldas; una luna silenciosa esperaba con ansiedad nuestras palabras.

La conversación empezó con una pregunta… Quería saber si la poesía buena era realmente solo fruto del sufrimiento o si como una parte mía creía, también podía nacer del amor y otros sentimientos. Cualquier sentimiento expresado con intensidad y sinceridad era inherentemente grande y los poemas que hablarán sobre ellos, serían igual de buenos que cualquiera del sufrimiento; lo que si era cierto es que en una cultura que adora al dolor, estos poemas tenían cierta predilección. Le terminé hablando, al igual que al primer tío, sobre mi historia particular de amor y de cómo todavía seguía amando a esa mujer; lo que a mí me dolía era cuestión de ego, pero de una forma sublime, dijo él. Quise saber más, pero el hombre alegó que era largo y que la cuestión tendría que ser dejada para otro día. Venía saliendo de una conversación que me había dejado pensando en lo irremediable de sufrir por el amor, pero al terminar de hablar con mi segundo tío, y más aún cuando me dormí, no dejaba de pensar en un simple y curioso hecho que no podía comprender… Una cuestión sublime de ego.

Como dormí y como desperté ya está descrito en otra parte de este escrito, pues aunque dicotomías de pensamientos y sentimientos arrasaban mi ser, todo fue exactamente igual. Pensamos en ir a una película en la tarde, idea a ser sustituida por ver una película en el confort del hogar; idea que fue del todo genial. Pues ya cuando la noche caía, aquel tío que me había dejado intrigado volví, oliendo a respuestas y preguntas nuevas. Hablamos de libros, de cambios, de experiencias, de profecías que vienen en grupos de nueve, de prácticas y revelaciones. Hablamos mucho, pero apenas tuve mi oportunidad, pregunté sobre aquel ego sublime utilizando como sombra a mis palabras algunas risas en el entorno… Y su respuesta no se hizo esperar. Con la excusa innecesaria de una canción, caminamos al parque vecino, para terminar de zanjar esa cuestión sublime que no podía yo entender; la luna menguada estaba ahí otra vez, intrigada como yo sobre lo que podríamos escuchar; afortunado yo más que ella por contar con ese calor humano de miradas y palabras.

Todos los seres humanos nos sentimos solos pues en tiempos primordiales, perdimos nuestra otra mitad; seamos hombres o mujeres, buscamos ese pedazo de alma perdido. La vida humana entonces gira en sus comienzos por recobrar esa mitad para empezar a caminar en pro de nuestro progreso, pues sin ella, aunque avanzamos, lo hacemos gateando. Por eso me dolía tanto la separación con esa mujer grande, porque mi alma estaba muchas veces segura de que era ella esa otra mitad, y más aún, porque se sabía nuevamente sola y en el punto cero de empezar a buscar otra vez. Todos los seres humanos, seguía diciendo mi querido tío, tenemos de igual grado esta noción de soledad, pues en esa igualdad es que un poema de amor o rechazo nos llega a todos, independientemente de rostros o sonrisas, pues es la noción general de ese pedazo perdido lo que nos duele; en momentos de máximo sufrimiento amoroso, tenemos que recordar que la pérdida que lloramos no es esa mujer que nos abandono, sino un concepto de soledad que tenemos desde el principio de los tiempos, mucho antes de este cuerpo o del otro. Lo único que cambia en todo esto es la intensidad con la que experimentamos la soledad y ese deseo de caminar con nuestros dos pies, intensidad que creo reconocer en un grado mayor al común en mucha de mi familia. Eso sí, esta noción de no estar completo, cosa que yo creía como totalmente errónea pues veía al ser humano ya un ser completo, es así, casi tanto como no lo es; somos dioses que no recordamos ser tales, que no sabemos que ya somos completos, y para ayudarnos a recobrar ese conocimiento, podemos elegir dos caminos: Podemos completarnos con ese otro pedazo de alma, como lo podemos hacer solos, a través del esfuerzo y trabajo, volviéndonos a nosotros mismos en hermafroditas cósmicas; es obvio que el último procedimiento es el más difícil, por lo que solo grandes avatares, sean mujeres u hombres lo han realmente logrado. Y si me ponen a escoger, y por lo menos por esta vida, escojo el amor y la relación como el medio de recuerdo.

Por eso era todo el rollo un asunto sublime de ego: Me siento solo y el recuerdo de ese amor que me llenaba me persigue constantemente, urgiéndome a conseguir esa pareja ideal. Y ya de regreso, una última pregunta se me ocurrió… ¿Será que hay varias otras mitades o solo una específicamente?... Tal pregunta no me respondida, pues según reglas no establecidas, solo se podía preguntar una vez por día. El caso es que se me aconsejo que solo viviendo podría averiguar la verdad de mi duda; de todas formas, él, con sus años de experiencias, con sus amores, con sus viajes, con sus recuerdos, sigue buscando contestar la misma pregunta. Cosa curiosa, pues yo creo que de verdad hay varias otras mitades para cada uno, pero quien sabe si esta concepción cambiará en los muchos o pocos años que me quedan; al final, es cuestión de seguir amando con intensidad.

Luego del Final
El último día que pasaba en el hogar de mi familia estaba solo; me había bañado, todos o se habían ido o estaban ocupados, dejándome con un cigarro y una botella de vino debajo de un sol calcinante. Me puse a pensar que cosa curiosa, mis dos tíos hablaron de uno de mis deseos primordiales: La Búsqueda de esa pareja ideal; más aún que ambos afirmaran estar todavía buscándola, con sufrimientos vividos en el pasado y talvez en el futuro y todo, pero la seguían buscando con fervor. Ahí, quemándome por los rayos de un sol de mediodía que empezaba a pegar con fuerzas, nos vi a los tres como almas en talvez similares etapas en donde trasciendo la simple definición de ingredientes del amor, buscando en almas esa pareja perfecta, sufriendo o siendo feliz, pero siempre buscando. ¿Cómo desesperarme a mis 19 años su mis dos tíos, andando entre los 40, siguen persiguiendo la misma meta mía, todavía sin éxito aparente alguno?

Aprendí tanto en esta fecha, pues a esa mujer que todavía amo aprendo poco a poco a verla más como una amiga, que curiosamente, tengo algunos sentimientos conflictivos; como bien diría el primer tío descrito, dejar la ilusión de esperar cien por cien de ella sería una insensatez, pues uno nunca sabe que nos depara el futuro. Hubo un momento en que el me preguntó si planeaba algo con ella en un futuro, y en un exceso de confianza, le conté las muchas veces que mi mamá/amiga o yo mismo me decía que pasados los años, ella y yo seríamos posiblemente la pareja perfecta para casarnos; en este momento, me acuerdo haberle dicho seguidamente, puedo mantener esa creencia hasta que aparezca alguien más, pero no quiero planear nada pues es más hermosa vivir el día al día. Talvez con todo esto y me termine de verdad casando con ella, talvez nos veamos en un futuro y reconozcamos la receta del amor de cada uno en el otro… Y talvez no. Nada hago haciéndome rollos al respecto. Pero sea con ella o con otra u otro, amaré con intensidad como siempre. ¿Qué más grande que eso?

viernes, diciembre 22, 2006

YO: El ser humano Vil

Al principio, cuando dije que no escribiría durante todo el viaje, realmente imaginé que sería así; volvimos de Arenal el Lunes y logro escribir hasta el Viernes. ¿Extraño no? Pero tantas cosas han pasado, tantas lágrimas han sido derramadas y sufrimiento causado, tanto por mí como por otros, que una división ha de ser realizada: Durante el viaje, Después del Viaje, y Charla 1, 2 y 3. Empecemos pues.

Durante el Viaje
¡Hermoso lugar aquel en donde la comunión con la naturaleza era tan perfecta! Había campos verdes y montañas rodeando el rancho, como si buscarán protegerla de las ciudades de hombres; a tal punto llegaba la protección que nada se sabía de ellos. Comida deliciosa, risas, juegos, perdidas, meditaciones en las tablas de madera que coronaban un hermoso lago, madera que sería un maldito restaurante que le robaría la vibra al lugar; caminadas y carreras a caballos, manos rotas que todavía ahora están recuperándose, paseos a través de ríos, bosques y praderas con dos amigos que gritaban de la felicidad y el éxtasis, grito repetida por mi garganta; lecturas de poesía, un intento de representar a Ernesto y su fábula; un conflicto serio en una de las últimas noches, regañadas de toda una familia a sus dos hermanos menores, castigos y gritos de niños azotados por la mano de la consecuencia. Fracaso en detallar realmente que paso en total en el viaje, pues fue mucho más que esto; me dedico simplemente a describir lo básico; luego de mucho tiempo, en vez de odiarlas, amo las cámaras y que me retraten una y otra vez… ¿Qué fue lo que me ayudo en el cambio? Pero en todo caso, contemos que fue lo que paso la última noche, fatal y desgraciada noche.

Habíamos estado representando una obra en que yo, como fui casi todo el tiempo, era un gay. La pasamos bastante bien, jugando, discutiendo, y asustando a todos aquellos que no tenían ni la menor idea de que estaba pasando; era simplemente gracioso o verlos reír nerviosamente o quitar la mirada. Pero durante la obra en sí, empecé a notar la culminación de algo que había estado detrás de mí en todo el día; mi ex novia se daba el lujo de tratarme nuevamente como un novio, coqueteando ligeramente, mientras antes solo había sido hermana y nada más. Yo, estando todavía enamorado de ella, traté de evitar el juego lo más posible, aún cuando ya en la noche, después de la obra, había caído lo suficiente en sus redes. Y ahí fue cuando, estando ya un poco picado por un sentimiento de nostalgia y tristeza que no sabía porque me había picado, la vi coquetear con un hombre ya de veinte tantos, tirando a treinta, siendo esto también la culminación de un juego que habían realizado en todo el fin de semana, mientras a su vez, seguía coqueteando conmigo; me tomé mi cerveza de una, pedí otra y me fui a dormir en el campo abierto solo con una cobija como amiga, una cerveza como testigo y miles de bichos recorriendo mi cuerpo como mis confidentes. Así termino el viaje, con dolor y tristeza; es increíble como solo una acción puede arruinar todo un placer.

Después del Viaje
El viaje de regreso se realizo en la tarde, dándome tiempo en el mientras para jugar con mi hermano menor a cansarnos y retarnos, y para andar de aquí para allá, solo y todavía adolorido por el ayer. En el almuerzo, que con tantas ansías esperaba, ya que mi dolor me había prohibido el desayuno, vi nuevamente intercambios entre mi ex y ese hombre maduro, gracioso e inteligente; una versión mía talvez, pero mucho, mucho más avanzada. El caso es que me arruine entonces el almuerzo también, y presto a emborracharme con vino tinto, tomé copa tras copa en compañía de esos hermosos caballos que no volvería a ver por algún tiempo; veo en ellos seres inteligentes y fuertes de todo, talvez más aún que nosotros los seres humanos. Cuando ya montamos en el bus que nos alejaría del lugar querido, nos despedimos de todos, de los cocineros, del joven que conservo mi querido collar, de mi jacket que nunca apareció, de los dueños, de los perros, del aire mismo; el único que no vi fue precisamente al hombre que me hubiera dolido ver, más aún porque realmente no quería ver una despedida entre él y la mujer que, desafortunadamente, todavía ocupa mi corazón. Y así partimos, tristes algunos, deprimidos otros, pero todos reconociendo un gran cambio. El mío era uno de los mas molestos; ya no podía ver en aquella mujer ni siquiera a mi hermana, pues era mucho el sufrimiento cuando la veía. Una amiga menos.

Estuve serio todo el viaje, quitado de muestras de cariño de mi ex, rehusando la diversión que tanto retumbaba en mis oídos. Pronto llegamos a un descanso, en que sintiéndome como me sentía, me empecé a fumar un cigarro, mientras le explicaba a mi mama/amiga el porque de mi comportamiento arisco. Pero una vez que nos montamos otra vez, decidí que estar como estaba era una injusticia para todos, aún cuando empezaba a creer que la mujer de la olla se lo merecía. Por eso, junté todas mis energías, me puse la máscara de normalidad, y salí al campo de juego con mi mejor sonrisa, bromeando, jugando y riendo, aún cuando por dentro estaba muriéndome; por la cantidad de veces y la intensidad que he tenido que ser hipócrita en el pasado, me he terminado haciendo lamentablemente un experto en ello. Y así terminó el regreso, despidiéndome de todos y pidiéndome plata para reponer mientras tanto la pérdida de mi billetera justo antes del viaje y prometiendo que volvería al día siguiente. No quería, pero era mi familia y lo había prometido; además, tenía algo que decir. La Charla 1 estaba lista para ser sacada de la olla.

Charla 1
Era de noche, o creo. Había sido una noche espectacular; el que antes era solo mi hermano/amigo, lo percibí de pronto como realmente mi mejor amigo, y sumándole el hecho de que la mujer grandiosa que lo acompañaba y él habían por fin consumado su noviazgo, las risas, abrazos y felicitaciones no se hicieron esperar. Les compuse un poema, y mientras veía sus rostros alegres, no pude menos que sentirme inmensamente feliz; realmente lo iba a necesitar con lo que seguía. Había tomado por fin la resolución de hablar con mi ex para decirle mis impresiones del fin de semana, en cortas palabras, afirmando que había perdido sencillamente mi amistad, aún si había ganado una mucho mejor en el mismo viaje; uno de los que se vuelve uno de mis mejores amigos asintió a la vez la resolución. Salimos ambos tristes, y los brazos de mi mejor amigo y su novia estuvieron esperándome una vez la charla terminada, escuchando con paciencia y amor como exponía mis inseguridades y miedos. Pero nada se podía hacer, decía mi amigo, más que hablar con mi mamá/amiga. Cosa que hice, cosa que lloré.

Hablando con ella, solo me di cuenta que tenía razón… Ella había jugado conmigo, había jugado de ser más grande y me había herido, había sido una de sus peores personalidades. ¿El consejo? Verla desde el rencor, odiarla si era necesario, toda la vida si tenía que; me costo al principio asimilar la idea, la acepté, con más lágrimas y sollozos, dando rienda suelta a mi dolor y rencor. Ella no debía hacerle eso a alguien que la quería tanto, que la amaba como yo, y en palabras de su propia madre, se merecía comer mierda para aprender. Salí de ahí para solo llorar más fuerte en brazos de mis amigos, llanto que se extendía y se extendía, hasta que por fin las frases iracundas empezaron a sustituir a las lágrimas; al finalizar la noche, y con los ojos rojos, rompí con rabia el regalo que ella me había dado para cumpleaños y dormí tranquilo. Al día siguiente tenía que por fin recoger mi cédula y mi aguinaldo sería por fin visualizado, más una hermosa graduación. Pero eso, eso no fue hasta el día siguiente.

Me levanté tarde, y sin haber observado a la ex que me había herido, esperé con todas las ansías que hubiera visto su regalo destrozado, su esfuerzo inútil, y mi amistad irremediablemente perdida. Recogí mi cédula más tarde y me permití una mini-aguevazón al darme cuenta que mi aguinaldo sería mucho menos que lo esperado, por aquella maldita meningitis y su respectiva incapacidad. Pero la graduación de uno de los conocidos que por confidencias y apoyo se había terminado volviendo de mis mejores amigos estaba pronta de ser realizada, y sin perder tiempo en lamentos inútiles, corrí literalmente a su encuentro. Mi mejor amigo y su querida novia ya estaban ahí, y luego de comprar los regalos con el papel más infantil que encontramos, aplaudimos con ganas el título obtenido de ese que es para una Oso y para mí Osito; es también conveniente hacer notar lo aburrido que fue el acto en sí aparte de eso. El caso es que teniendo todos plata suficiente, decidimos celebrar con alcohol la graduación y terminamos comprando el nefasto tequila, lo suficiente para botar un caballo o unos cuantos jóvenes; me he dado cuenta que desde el fin de semana ese que me emborraché por primera vez en mucho tiempo, el alcohol empezó a ser una parte primordial de muchos de mis días, volviendo a ser talvez aquel joven que salía casi siempre, mucho antes de que muriera por 2 días; no me enorgullezco de ello, como tampoco lo lamento. Y luego de cinco tragos, creo, o seis - mi memoria me falla realmente - recibí una carta de mi ex cuando hablaba con mi hermana menor, pidiendo sinceramente perdón y expresando con comprensión el hecho de que posiblemente la odiaría para siempre. Al principio me negué de hablar conociendo la cantidad de todo en mi sangre, pero después de leer por segunda vez la carta, decidí que era la oportunidad para decir lo que pensaba; sentí realmente que lo correcto era no guardarme nada, y menos a ella; terrible error como me di cuenta.

Charla 2
El Tarot me había dicho algo hoy, lo mismo que curiosamente me terminarían diciendo en la noche, luego de que todo había pasado, luego de que todo el daño fuera hecho; hay una diferencia entre ser solo sincero, y ser sincero y efectivo… Parece, cosa que no sabía, que al ser sincero, uno puede hacerlo sin motivo o causa alguna, sin querer extraer un bien de lo sinceridad y sin medir las consecuencias, como se puede ser sincero y saber que decir en que momento, para extraer, para uno y los demás, el máximo provecho… No lo sabía, y por eso, fue solo sincero…

Podría repetir muchas palabras textuales de lo que terminé diciendo, pero a la larga, no es necesario; fui hiriente al máximo, degradante, rencoroso, odioso; usé todo lo que sabía de ella para infligir daño, recalcando una y otra vez en los puntos que sabía más dolorosos, convencido como estaba de que debía decir todo y con el máximo rencor, como me había dicho mi mamá/amiga el día anterior. Realmente, confieso que sin saber muy bien como actuar en este respecto, pues nunca me ha tocado ni he pretendido tratar algo desde el rencor, creí realmente andar en buen camino, aún cuando estaba realmente mamando. Luego se me dijo que tuve que haber hablado desde el amor… ¿Pero no era desde el rencor la vara?

El caso es que si el día anterior todos estaban de acuerdo con que ella se merecía comer mierda, esa noche todos se volcaron contra mí; realmente, creo haberlo merecido y aún más. Fui hijueputa, mucho más de lo que ella fue con su coquetería y demases, mas aún que ella lo hizo sin darse mucha cuenta de ello, y yo lo hice con toda la alevosía y ventaja. La había hecho comer mierda, y como solo un poco necesitaba para pagar su cuota, se me terminó devolviendo todo el restante… ¡Y que restante, Dios Mío! Esa noche me fui apenas pude, huyendo del dolor que había causado, convencido de que era yo el más malo de todas las películas, un hombre vil dominado por el odio y la estupidez… Un hombre que no merecía gran cosa. Lloré, pero estando en el que antes era mi hogar, pero cuando logré llegar a mi casa, solo pude dormir, realmente esperando no levantarme.

Pero si me levanté, aún cuando no tenía ganas de ni bañarme; me hubiera gustado quedarme todo el día en la cama, siendo el hombre miserable que soy. Pero tenía que ir a recoger mi cédula, mis anteojos e ir al hogar al que tantas desdichas he causado, para recoger mis pertenencias; había tomado la decisión de no volver, no era ella que había perdido mi amistad, sino yo la de ella; yo no merecía a su familia, y mucho menos a ella; por eso debía desaparecer y comer mierda. Me levanté tarde y empecé mis diligencias, siempre con un sentimiento de estupidez siguiendo mis pasos muy de cerca, al igual que el sentimiento de muerte, que solo el hecho de que sería peor para los que me rodean, lograba detener. Al principio quería simplemente llamar a mi ex hogar y pedir que me entregaran las pertenencias sin tener que entrar, pero dos teléfonos malos imposibilitaron esa tarea. Por fin, me encontré bajando del bus y caminando hasta el mismo hogar, el mismo parque, y el mismo cielo testigo de mi vileza y crueldad. Saludé rápido, desee con todo mi corazón feliz cumpleaños a uno de mis hermanos menores, pues sabía que para su celebración yo no estaría ya ahí, y comuniqué mi decisión a mi hermana menor. Ella solo lloró, haciéndome sentir aún más culpable por tantas lágrimas derramadas en mi nombre, viendo en mi partida algo talvez más permanente. Pero hablando con ella, me di cuenta que no podía irme sin hablar con la mujer que tanto daño había causado, pues sería primero cobardía, y luego inconstancia de mi propia filosofía de vida, y si ya la había cagado en grande, no tenía derecho para hacer más, Esperé… y esperé, hasta que por fin ella llegó, y habiendo recibido una petición para hablar con ella de parte de mi hermana menor, terminó aceptando luego de mucho pensarlo, y partimos juntos al mismo parque en que, estoy seguro, veo siempre las hojas cabizbajas cuando saben a que venimos ella y yo, tristes y agotadas de tanto conflicto. Y ahí empezó la Charla 3, y la última… Por el momento.

Charla 3
Si va a seguir denigrándome e insultándome… - Así empezó la conversación, y esas palabras nunca las voy a poder olvidar, viniendo de la persona que todavía amo… La insulté, la denigré, la rebajé y todo por mi vileza e ignorancia… Por jugar de ser más maduro, cuando realmente soy un maldito carajillo que se cree mayor porque vive solo y demases… NO SOY MÁS QUE UN CARAJILLO… Pedí perdón, admití mis errores, confesé que merecía que no me perdonará… Dije al final cosas que textualmente he escrito en el apartado anterior, que había perdido su amistad, que merecía odio y rencor, que merecía comer mierda… Y ella, ella solo demostró ser mucho más grande que yo, y me perdono, diciendo de paso que no me quería ver comer mierda… ¡MALDITO QUE SOY!

Entonces, luego de escucharla, le dije lo que sentía; yo no merezco su perdón, pues como diría Dumas en uno de sus personajes: “Creí que era yo el llamado a perdonar, aún cuando negaba su posibilidad, y ahora me siento indigno del perdón que ella tan sublimemente me ha dado”. Le dije eso, que no merecía su perdón y que me iba a ir por un tiempo, para comer mierda, para estar solo, porque no merecía nada bueno, solo pagar por mi actitud de “jugar de vivo”. Y aún así, ella se seguía dando el lujo de votar por mí, abogando que yo tiendo a comer mucha mierda cuando me alejo, y que temía que yo no volviera nunca más… Le aseguré que volvería en algún momento, aunque no supiera cuando; realmente me gusta, sin admitirlo, la idea de nunca más volver. Se podría decir que terminamos bien, caminando juntos sonrientes de nuevo a su hogar; de mi parte, por supuesto, llevaba simplemente una máscara. Cogí mi bulto, mis cosas, y dije adiós al hogar y sus ocupantes, pues aún ahora, no sé cuando volveré, si es que lo haré de verdad. Me merezco volverme un lobo estepario que no tenga a nadie, una isla de inhumanidad y negrura en el océano de la vida, un punto negro en medio de la pureza del blanco absoluto; eso me merezco y aún más.

Ahora, entiendan el porque llevó tanto sin escribir; era mucho y sigue siéndolo. Hoy hubo fiestas, primero de equipo, de amigos secretos, de volver a ver a la gata dorada con su esposo, de ver a mi mejor amigo y a su novia, de reír y todo, pero en medio de mi sentimiento, de lo negro que soy, le resto importancia a la felicidad y diversión. Si hay algo digno de mencionar hoy que no sea el pasado de días previos, es el hecho de que el universo me da una justificación para comer mierda; en la cena navideña, que creía no iba a ir, va a llegar el mismo hombre grande, bailarín y afable que tantas desdichas me provocó el fin de semana fatídico de Arenal… Talvez viéndolo a él y a la mujer que tanto dañe en la misma escena, las imágenes se sucedan con rapidez y mi sufrimiento sea realmente inevitable… Citando textualmente a esa mujer grande en su carta de perdón: “Deseo egoístamente que sea así”… Voy a sufrir y me lo voy a guardar, para no escuchar quejas, ni ver sufrimientos de terceras personas… Voy a sufrir con ellos, sin meterme en su familia, que deja de ser la mía… Voy a comer mierda este domingo, para luego volverme a perder… Talvez el temor de mi hermana y mi ex mejor amiga sea fundado… Talvez realmente no vuelva con ellos.
Al principio, cuando dije que no escribiría durante todo el viaje, realmente imaginé que sería así; volvimos de Arenal el Lunes y logro escribir hasta el Viernes. ¿Extraño no? Pero tantas cosas han pasado, tantas lágrimas han sido derramadas y sufrimiento causado, tanto por mí como por otros, que una división ha de ser realizada: Durante el viaje, Después del Viaje, y Charla 1, 2 y 3. Empecemos pues.

Durante el Viaje
¡Hermoso lugar aquel en donde la comunión con la naturaleza era tan perfecta! Había campos verdes y montañas rodeando el rancho, como si buscarán protegerla de las ciudades de hombres; a tal punto llegaba la protección que nada se sabía de ellos. Comida deliciosa, risas, juegos, perdidas, meditaciones en las tablas de madera que coronaban un hermoso lago, madera que sería un maldito restaurante que le robaría la vibra al lugar; caminadas y carreras a caballos, manos rotas que todavía ahora están recuperándose, paseos a través de ríos, bosques y praderas con dos amigos que gritaban de la felicidad y el éxtasis, grito repetida por mi garganta; lecturas de poesía, un intento de representar a Ernesto y su fábula; un conflicto serio en una de las últimas noches, regañadas de toda una familia a sus dos hermanos menores, castigos y gritos de niños azotados por la mano de la consecuencia. Fracaso en detallar realmente que paso en total en el viaje, pues fue mucho más que esto; me dedico simplemente a describir lo básico; luego de mucho tiempo, en vez de odiarlas, amo las cámaras y que me retraten una y otra vez… ¿Qué fue lo que me ayudo en el cambio? Pero en todo caso, contemos que fue lo que paso la última noche, fatal y desgraciada noche.

Habíamos estado representando una obra en que yo, como fui casi todo el tiempo, era un gay. La pasamos bastante bien, jugando, discutiendo, y asustando a todos aquellos que no tenían ni la menor idea de que estaba pasando; era simplemente gracioso o verlos reír nerviosamente o quitar la mirada. Pero durante la obra en sí, empecé a notar la culminación de algo que había estado detrás de mí en todo el día; mi ex novia se daba el lujo de tratarme nuevamente como un novio, coqueteando ligeramente, mientras antes solo había sido hermana y nada más. Yo, estando todavía enamorado de ella, traté de evitar el juego lo más posible, aún cuando ya en la noche, después de la obra, había caído lo suficiente en sus redes. Y ahí fue cuando, estando ya un poco picado por un sentimiento de nostalgia y tristeza que no sabía porque me había picado, la vi coquetear con un hombre ya de veinte tantos, tirando a treinta, siendo esto también la culminación de un juego que habían realizado en todo el fin de semana, mientras a su vez, seguía coqueteando conmigo; me tomé mi cerveza de una, pedí otra y me fui a dormir en el campo abierto solo con una cobija como amiga, una cerveza como testigo y miles de bichos recorriendo mi cuerpo como mis confidentes. Así termino el viaje, con dolor y tristeza; es increíble como solo una acción puede arruinar todo un placer.

Después del Viaje
El viaje de regreso se realizo en la tarde, dándome tiempo en el mientras para jugar con mi hermano menor a cansarnos y retarnos, y para andar de aquí para allá, solo y todavía adolorido por el ayer. En el almuerzo, que con tantas ansías esperaba, ya que mi dolor me había prohibido el desayuno, vi nuevamente intercambios entre mi ex y ese hombre maduro, gracioso e inteligente; una versión mía talvez, pero mucho, mucho más avanzada. El caso es que me arruine entonces el almuerzo también, y presto a emborracharme con vino tinto, tomé copa tras copa en compañía de esos hermosos caballos que no volvería a ver por algún tiempo; veo en ellos seres inteligentes y fuertes de todo, talvez más aún que nosotros los seres humanos. Cuando ya montamos en el bus que nos alejaría del lugar querido, nos despedimos de todos, de los cocineros, del joven que conservo mi querido collar, de mi jacket que nunca apareció, de los dueños, de los perros, del aire mismo; el único que no vi fue precisamente al hombre que me hubiera dolido ver, más aún porque realmente no quería ver una despedida entre él y la mujer que, desafortunadamente, todavía ocupa mi corazón. Y así partimos, tristes algunos, deprimidos otros, pero todos reconociendo un gran cambio. El mío era uno de los mas molestos; ya no podía ver en aquella mujer ni siquiera a mi hermana, pues era mucho el sufrimiento cuando la veía. Una amiga menos.

Estuve serio todo el viaje, quitado de muestras de cariño de mi ex, rehusando la diversión que tanto retumbaba en mis oídos. Pronto llegamos a un descanso, en que sintiéndome como me sentía, me empecé a fumar un cigarro, mientras le explicaba a mi mama/amiga el porque de mi comportamiento arisco. Pero una vez que nos montamos otra vez, decidí que estar como estaba era una injusticia para todos, aún cuando empezaba a creer que la mujer de la olla se lo merecía. Por eso, junté todas mis energías, me puse la máscara de normalidad, y salí al campo de juego con mi mejor sonrisa, bromeando, jugando y riendo, aún cuando por dentro estaba muriéndome; por la cantidad de veces y la intensidad que he tenido que ser hipócrita en el pasado, me he terminado haciendo lamentablemente un experto en ello. Y así terminó el regreso, despidiéndome de todos y pidiéndome plata para reponer mientras tanto la pérdida de mi billetera justo antes del viaje y prometiendo que volvería al día siguiente. No quería, pero era mi familia y lo había prometido; además, tenía algo que decir. La Charla 1 estaba lista para ser sacada de la olla.

Charla 1
Era de noche, o creo. Había sido una noche espectacular; el que antes era solo mi hermano/amigo, lo percibí de pronto como realmente mi mejor amigo, y sumándole el hecho de que la mujer grandiosa que lo acompañaba y él habían por fin consumado su noviazgo, las risas, abrazos y felicitaciones no se hicieron esperar. Les compuse un poema, y mientras veía sus rostros alegres, no pude menos que sentirme inmensamente feliz; realmente lo iba a necesitar con lo que seguía. Había tomado por fin la resolución de hablar con mi ex para decirle mis impresiones del fin de semana, en cortas palabras, afirmando que había perdido sencillamente mi amistad, aún si había ganado una mucho mejor en el mismo viaje; uno de los que se vuelve uno de mis mejores amigos asintió a la vez la resolución. Salimos ambos tristes, y los brazos de mi mejor amigo y su novia estuvieron esperándome una vez la charla terminada, escuchando con paciencia y amor como exponía mis inseguridades y miedos. Pero nada se podía hacer, decía mi amigo, más que hablar con mi mamá/amiga. Cosa que hice, cosa que lloré.

Hablando con ella, solo me di cuenta que tenía razón… Ella había jugado conmigo, había jugado de ser más grande y me había herido, había sido una de sus peores personalidades. ¿El consejo? Verla desde el rencor, odiarla si era necesario, toda la vida si tenía que; me costo al principio asimilar la idea, la acepté, con más lágrimas y sollozos, dando rienda suelta a mi dolor y rencor. Ella no debía hacerle eso a alguien que la quería tanto, que la amaba como yo, y en palabras de su propia madre, se merecía comer mierda para aprender. Salí de ahí para solo llorar más fuerte en brazos de mis amigos, llanto que se extendía y se extendía, hasta que por fin las frases iracundas empezaron a sustituir a las lágrimas; al finalizar la noche, y con los ojos rojos, rompí con rabia el regalo que ella me había dado para cumpleaños y dormí tranquilo. Al día siguiente tenía que por fin recoger mi cédula y mi aguinaldo sería por fin visualizado, más una hermosa graduación. Pero eso, eso no fue hasta el día siguiente.

Me levanté tarde, y sin haber observado a la ex que me había herido, esperé con todas las ansías que hubiera visto su regalo destrozado, su esfuerzo inútil, y mi amistad irremediablemente perdida. Recogí mi cédula más tarde y me permití una mini-aguevazón al darme cuenta que mi aguinaldo sería mucho menos que lo esperado, por aquella maldita meningitis y su respectiva incapacidad. Pero la graduación de uno de los conocidos que por confidencias y apoyo se había terminado volviendo de mis mejores amigos estaba pronta de ser realizada, y sin perder tiempo en lamentos inútiles, corrí literalmente a su encuentro. Mi mejor amigo y su querida novia ya estaban ahí, y luego de comprar los regalos con el papel más infantil que encontramos, aplaudimos con ganas el título obtenido de ese que es para una Oso y para mí Osito; es también conveniente hacer notar lo aburrido que fue el acto en sí aparte de eso. El caso es que teniendo todos plata suficiente, decidimos celebrar con alcohol la graduación y terminamos comprando el nefasto tequila, lo suficiente para botar un caballo o unos cuantos jóvenes; me he dado cuenta que desde el fin de semana ese que me emborraché por primera vez en mucho tiempo, el alcohol empezó a ser una parte primordial de muchos de mis días, volviendo a ser talvez aquel joven que salía casi siempre, mucho antes de que muriera por 2 días; no me enorgullezco de ello, como tampoco lo lamento. Y luego de cinco tragos, creo, o seis - mi memoria me falla realmente - recibí una carta de mi ex cuando hablaba con mi hermana menor, pidiendo sinceramente perdón y expresando con comprensión el hecho de que posiblemente la odiaría para siempre. Al principio me negué de hablar conociendo la cantidad de todo en mi sangre, pero después de leer por segunda vez la carta, decidí que era la oportunidad para decir lo que pensaba; sentí realmente que lo correcto era no guardarme nada, y menos a ella; terrible error como me di cuenta.

Charla 2
El Tarot me había dicho algo hoy, lo mismo que curiosamente me terminarían diciendo en la noche, luego de que todo había pasado, luego de que todo el daño fuera hecho; hay una diferencia entre ser solo sincero, y ser sincero y efectivo… Parece, cosa que no sabía, que al ser sincero, uno puede hacerlo sin motivo o causa alguna, sin querer extraer un bien de lo sinceridad y sin medir las consecuencias, como se puede ser sincero y saber que decir en que momento, para extraer, para uno y los demás, el máximo provecho… No lo sabía, y por eso, fue solo sincero…

Podría repetir muchas palabras textuales de lo que terminé diciendo, pero a la larga, no es necesario; fui hiriente al máximo, degradante, rencoroso, odioso; usé todo lo que sabía de ella para infligir daño, recalcando una y otra vez en los puntos que sabía más dolorosos, convencido como estaba de que debía decir todo y con el máximo rencor, como me había dicho mi mamá/amiga el día anterior. Realmente, confieso que sin saber muy bien como actuar en este respecto, pues nunca me ha tocado ni he pretendido tratar algo desde el rencor, creí realmente andar en buen camino, aún cuando estaba realmente mamando. Luego se me dijo que tuve que haber hablado desde el amor… ¿Pero no era desde el rencor la vara?

El caso es que si el día anterior todos estaban de acuerdo con que ella se merecía comer mierda, esa noche todos se volcaron contra mí; realmente, creo haberlo merecido y aún más. Fui hijueputa, mucho más de lo que ella fue con su coquetería y demases, mas aún que ella lo hizo sin darse mucha cuenta de ello, y yo lo hice con toda la alevosía y ventaja. La había hecho comer mierda, y como solo un poco necesitaba para pagar su cuota, se me terminó devolviendo todo el restante… ¡Y que restante, Dios Mío! Esa noche me fui apenas pude, huyendo del dolor que había causado, convencido de que era yo el más malo de todas las películas, un hombre vil dominado por el odio y la estupidez… Un hombre que no merecía gran cosa. Lloré, pero estando en el que antes era mi hogar, pero cuando logré llegar a mi casa, solo pude dormir, realmente esperando no levantarme.

Pero si me levanté, aún cuando no tenía ganas de ni bañarme; me hubiera gustado quedarme todo el día en la cama, siendo el hombre miserable que soy. Pero tenía que ir a recoger mi cédula, mis anteojos e ir al hogar al que tantas desdichas he causado, para recoger mis pertenencias; había tomado la decisión de no volver, no era ella que había perdido mi amistad, sino yo la de ella; yo no merecía a su familia, y mucho menos a ella; por eso debía desaparecer y comer mierda. Me levanté tarde y empecé mis diligencias, siempre con un sentimiento de estupidez siguiendo mis pasos muy de cerca, al igual que el sentimiento de muerte, que solo el hecho de que sería peor para los que me rodean, lograba detener. Al principio quería simplemente llamar a mi ex hogar y pedir que me entregaran las pertenencias sin tener que entrar, pero dos teléfonos malos imposibilitaron esa tarea. Por fin, me encontré bajando del bus y caminando hasta el mismo hogar, el mismo parque, y el mismo cielo testigo de mi vileza y crueldad. Saludé rápido, desee con todo mi corazón feliz cumpleaños a uno de mis hermanos menores, pues sabía que para su celebración yo no estaría ya ahí, y comuniqué mi decisión a mi hermana menor. Ella solo lloró, haciéndome sentir aún más culpable por tantas lágrimas derramadas en mi nombre, viendo en mi partida algo talvez más permanente. Pero hablando con ella, me di cuenta que no podía irme sin hablar con la mujer que tanto daño había causado, pues sería primero cobardía, y luego inconstancia de mi propia filosofía de vida, y si ya la había cagado en grande, no tenía derecho para hacer más, Esperé… y esperé, hasta que por fin ella llegó, y habiendo recibido una petición para hablar con ella de parte de mi hermana menor, terminó aceptando luego de mucho pensarlo, y partimos juntos al mismo parque en que, estoy seguro, veo siempre las hojas cabizbajas cuando saben a que venimos ella y yo, tristes y agotadas de tanto conflicto. Y ahí empezó la Charla 3, y la última… Por el momento.

Charla 3
Si va a seguir denigrándome e insultándome… - Así empezó la conversación, y esas palabras nunca las voy a poder olvidar, viniendo de la persona que todavía amo… La insulté, la denigré, la rebajé y todo por mi vileza e ignorancia… Por jugar de ser más maduro, cuando realmente soy un maldito carajillo que se cree mayor porque vive solo y demases… NO SOY MÁS QUE UN CARAJILLO… Pedí perdón, admití mis errores, confesé que merecía que no me perdonará… Dije al final cosas que textualmente he escrito en el apartado anterior, que había perdido su amistad, que merecía odio y rencor, que merecía comer mierda… Y ella, ella solo demostró ser mucho más grande que yo, y me perdono, diciendo de paso que no me quería ver comer mierda… ¡MALDITO QUE SOY!

Entonces, luego de escucharla, le dije lo que sentía; yo no merezco su perdón, pues como diría Dumas en uno de sus personajes: “Creí que era yo el llamado a perdonar, aún cuando negaba su posibilidad, y ahora me siento indigno del perdón que ella tan sublimemente me ha dado”. Le dije eso, que no merecía su perdón y que me iba a ir por un tiempo, para comer mierda, para estar solo, porque no merecía nada bueno, solo pagar por mi actitud de “jugar de vivo”. Y aún así, ella se seguía dando el lujo de votar por mí, abogando que yo tiendo a comer mucha mierda cuando me alejo, y que temía que yo no volviera nunca más… Le aseguré que volvería en algún momento, aunque no supiera cuando; realmente me gusta, sin admitirlo, la idea de nunca más volver. Se podría decir que terminamos bien, caminando juntos sonrientes de nuevo a su hogar; de mi parte, por supuesto, llevaba simplemente una máscara. Cogí mi bulto, mis cosas, y dije adiós al hogar y sus ocupantes, pues aún ahora, no sé cuando volveré, si es que lo haré de verdad. Me merezco volverme un lobo estepario que no tenga a nadie, una isla de inhumanidad y negrura en el océano de la vida, un punto negro en medio de la pureza del blanco absoluto; eso me merezco y aún más.

Ahora, entiendan el porque llevó tanto sin escribir; era mucho y sigue siéndolo. Hoy hubo fiestas, primero de equipo, de amigos secretos, de volver a ver a la gata dorada con su esposo, de ver a mi mejor amigo y a su novia, de reír y todo, pero en medio de mi sentimiento, de lo negro que soy, le resto importancia a la felicidad y diversión. Si hay algo digno de mencionar hoy que no sea el pasado de días previos, es el hecho de que el universo me da una justificación para comer mierda; en la cena navideña, que creía no iba a ir, va a llegar el mismo hombre grande, bailarín y afable que tantas desdichas me provocó el fin de semana fatídico de Arenal… Talvez viéndolo a él y a la mujer que tanto dañe en la misma escena, las imágenes se sucedan con rapidez y mi sufrimiento sea realmente inevitable… Citando textualmente a esa mujer grande en su carta de perdón: “Deseo egoístamente que sea así”… Voy a sufrir y me lo voy a guardar, para no escuchar quejas, ni ver sufrimientos de terceras personas… Voy a sufrir con ellos, sin meterme en su familia, que deja de ser la mía… Voy a comer mierda este domingo, para luego volverme a perder… Talvez el temor de mi hermana y mi ex mejor amiga sea fundado… Talvez realmente no vuelva con ellos.

jueves, diciembre 14, 2006

El despido que aconteció cuando debía ser

Hoy ha acontecido un milagro, si bien el tiempo en que lo esperaba todavía no había llegado; fui despedido de mi centro de trabajo mientras mi equipo se encontraba ya en sus respectivos lugares, talvez planeando nuevas vagancias para el día siguiente. Caminé por última vez por las hileras que tanto vería antes como cubículos de sufrimiento, y que el tiempo las había terminado volviendo en un hogar común; poco falto para que llorara. Me despedí de mis viejos amigos y de los nuevos, con abrazos y promesas; corrí con temor en un intento para salvar mis cuentos escritos y mi obra nueva de las garras del olvido, intento que deba concretar la próxima semana; cargué con temor de inseguridad mi bulto de cosas personales y partí para no volver. Tantas experiencias, tantos amores, tantos errores, tanta, tanta enseñanza… No puedo evitar mirar ese lugar que tanto criticaba antes con cierta nostalgia. Pero al fin de cuentas, talvez no sea mas que una persona la que lo provoque. Una gata dorada.

Como fui despedido cuando todo mi equipo estaba ya huyendo de los computadores inútiles y apagados, no pude decir adiós a ninguno de ellos, y entre todos, a la gata dorada. No dudo en afirmar que extraño su voz y presencia y que siendo la última vez que la vi en su momento, y sabiendo el futuro inevitable, fue un error no buscar hablar con ella; si ya no trabajamos juntos, vivimos a kilómetros de kilómetros de distancia, más otros etcs, no tenía motivo alguno ya para callar lo que tanto gritaba mi corazón. Pero confío en el universo mientras me despido del único compañero del que tengo un número, dejando un mensaje de abrazos y besos para todos. Solo espero que sea suficiente.

Y por último, cumplo mi promesa. Viajo con mi familia real para recibir hermosos regalos de dos hermanas, dos murales que quieren poblar mis paredes, junto con un adorno exótico y curioso de mi mamá/amiga. Además, los planes de un paseo de concretan; viajaremos todo el fin de semana a aquella finca tan detallada por mi hermano/amigo, donde tantas aventuras vivió. Por ende, y considerando que busco este espacio para descansar de tanto ruido y ciudad, por primera vez no escribiré nada esos días; cuando vuelva contaré lo más importante. Así que por el momento, ¡Hasta la vista!

miércoles, diciembre 13, 2006

Un cumpleaños no tan feliz...

¡Cumpleaños Feliz, cumpleaños feliz…! Cumplo años, si, pero mi día empieza como de costumbre. Me levanto un poco tarde por una alarma que no suena, me rasuro con prisa pero perfección y me visto para verme rico y delicioso; varias camisas blancas logran el cometido, pero mi predilecta es escogida. Llegó al trabajo y recibo felicitaciones de esos compañeros que aún ayer, no mostraban tantas muestras, sino de cariño, por lo menos de simple aprobación de mi festividad; extraño que entre las que no dijeran nada está de la que mas lo esperaba y ansiaba; más tarde me daría cuenta que esta sería la normal el día de hoy. Todo transcurrió tranquilo, dejando filtrar en las cartas las risas y comentarios de conflictos y bromas, mientras poco a poco en mi interior un sentimiento extraño se formaba. Recibo los regalos del amigo poco secreto, escuchando con alegría su error primero de no regalar nada de lo que quería, para luego avergonzarme de ver regalos de verdad abrirse a mí alrededor; mi única satisfacción era saber lo idiota que era y lo poco que vale. Pero para no enfocarme en lo negativo, fui feliz con los otros regalos, especialmente con la aprobación de la persona a la que compré candelas ayer, a la sombra de la salida con mi madre, corriendo por todas partes para que quedara bien. Y siendo modesto, me quedo excelente.

Estaba solo, ya todos se habían ido dejando la sombra de una tirada de cartas sin terminar; el tiempo perfecto para pensar. Aún cuando no creo en el tiempo, y el cumpleaños en si no es tan importante, me dolía que solo una persona se acordará realmente de él al principio; mi hermana menor me había llamado, junto a un mensaje de mi progenitora que posiblemente habría escrito el día anterior para acordarse. Pasaba el tiempo y terminé de leer el ensayo de la señora esposa de Sastre, suplantando un poco mi ideal de mujer bella y positiva; sus escritos reflejan mujeres todas que sufren, que viven sus esperanzas y peripecias a través de sus esposos, cuyos sea dicho de paso, son o canallas, o viejos o malditos. Pero aún a pesar del negativismo, disfruto su lectura excelente, metiéndome de lleno en la carne y sangre de esas mujeres. Por fin, termino leyendo las últimas palabras con un dejo de desesperación, pero orgulloso de esa mujer increíblemente genial. Tomo en mis manos el próximo libro, del genio y malparido a la vez de Asimov, un texto que me habla de los comienzos de la saga que ya había leído en un pasado; aún antes de la fundación y de Seldon, hubo un hombre y un robot. Pero a pesar de que está bueno, pues la intriga de dos asesinatos imposibles gira en el ambiente, lo dejo inmediatamente como estaba; realmente, no me sentía en ánimos de leer. Pero esa noción habría de cambiar.

Alguien más se había acordado de mi cumpleaños y como tal, se unió una Mar y Sol a la primera Marisol; el mensaje aunque breve era ya motivo de alegría. Leí mi resumen del Tarot que me comunicaba exactamente mis sentimientos; me sentiría con vistas a futuros grandiosos, pero con trabas o cuerdas que me ataran a la desesperación; fuera como fuera, no debía sucumbir. Era mi cumpleaños después de todo. Sabiendo que podía hacer lo que deseará, empecé con mis regalos del día. Primero fue un camisa de tonos desconocidos en entre mi ropa, para luego pasar a mandar no con pocas dudas todavía mi cuento para ser incluido oficialmente en el certamen; lo leí todavía unas tres veces hasta convencerme de que lo quería como estaba; ahora solo es cuestión de esperar y confiar. Talvez sea ese otro de mis regalos de cumpleaños atrasado: Un premio lo suficientemente grande para construir el pedazo de vida que me faltaba. Ya sonaban los teléfonos anunciando que ya salía y sin perder tiempo alguno, salte a la puerta y en otro brinco, a la puerta del bus. Antes de todo, me encontré con varios amigos; nótese por favor que aunque por lo menos dos sabían de mi cumpleaños, ninguno de ellos dijo nada. Ya tendría chance de que alguien lo hiciera.

Me senté en el bus con ánimo de dormir, pues la reunión del Club de Soñadores y Creyentes de la santas letras era hoy; por nada del mundo podría faltar si una mujer interesante podía asistir, sumándole al hecho de que ya estaba comprometido a mi mismo con discutir sobre los planes del proyecto de fomento a la lectura. Cuando ya estaba presto a bajar, recibí una llamada… ¡Eran mis otros dos hermanos de mi familia de verdad deseándome feliz cumpleaños! Ambos preguntaron por mi asistencia hoy con ellos, solo para ser desilusionados con mis planes actuales; igual mañana me tendrán todo el tiempo que quieran, mañana, el viernes, el sábado y el domingo. Y con una felicidad renovada, decido continuar con mis regalos para el día de hoy. Pasó a la Librería y por fin compró el libro sobre el Libro de Almohada que tanto me había perseguido en sueños desde que lo vi; todos los comentarios los reservo cuando lo empiece. Luego, me compró el helado que llevaba negándome por cuestiones económicas desde hace tiempos y lo como con gusto; hoy había decidido ignorar la cuestión, imaginando que tenía un número infinito en mi tarjeta. Y con el helado, parto por fin a la reunión, donde al fin de cuentas, más sorpresas me esperarían.

Luego de comer, saludar, y hablar desde las generaciones, la madurez y las risas, nos dimos cuenta que la asistencia se reduciría a solamente cuatro; pudimos por lo menos hablar de lo básico antes de nuestra partida obligada. Me doy cuenta también que uno de mis deseos se está cumpliendo ya, pues entendiendo gran parte de lo que se decía, aún con música de fondo, pude aportar mucho más de lo que imaginaba que podría. Y como hoy era un día mágico, terminé recibiendo regalos: Una decoración que duerme ahora encima de la refri y la invitación a lo que había pagado… ¡No podía pedir realmente más! Ya cuando me senté al bus de regreso, solo podía lamentar el hecho de no haber visto a la escritora de negro que tanto me había llamado la atención la reunión pasada, aún cuando realmente confío, como siempre, en la eficiencia del universo. Al final, cansado y todo, la confianza es de las cosas que me quedan.

Ya tengo sueño, así que capitulo con rapidez. Regresando al hogar, me atacó un pensamiento que todavía ahora carcome mi cerebro, solo que talvez con menor intensidad estando él ahora casi todo apagado. Ningún “amigo” me llamó, no hubieron cervezas invitadas, ni jugos de naranja compartidos, no hubieron mujeres con las cuales reír, no hubieron más felices cumpleaños que de los básicos de siempre. Repito, la festividad en sí no es tan importante, pero aún así, hubiera sido bonito que se acordarán; ni siquiera mi propio padre cercano me dedicó una llamada. Así que cansado como estaba, traté de materializar a un alguien que me encontrará y me dijera feliz cumpleaños; mi propio cansancio termino jugando en mi contra y una sesión de cualquier cosa me hubiera conducido al dormir nada más. Bueno, parto al mundo de los sueños, teniendo ya 19 años sin que me importe realmente una mierda más o menos; no noto la diferencia y a pesar de los pequeños acontecimientos del día, no hay nada que me haga creer lo contrario. Mañana hablaremos talvez sobre la maldita costumbre del avenidazo, pero hoy simplemente quiero dormir. ¡Buenas noches!

P.S: Me acaba de llegar un mensaje de mi padre cercano, deseando lo obvio el día de hoy; no puedo ocultar el hecho de alegrarme en mi equivocación de creer estar muy abandonado el día de hoy. Por lo menos, los básicos se acordaron, pues realmente creo no tener amigos ahora reales, y eso me debe bastar.
P.S.2: Mi amiga/madre ya me había dado las felicitaciones, con un día de adelantado, siendo la primera en siquiera pronunciar las dulces palabras. ¡Gracias Olguita!

viernes, diciembre 08, 2006

Como ser carismático en el medio de felicidad y hospitales

¿Cómo empezar a narrar este día en donde tantas cosas han pasado, tantos miedos han muerto y tantas esperanzas han renacido? ¿Cómo seguir una línea cronológica cuando lo que quiero es decirlo todo al mismo tiempo? Lamentablemente, escribiendo así solo yo entendería; aún cuando no escribo para los demás, es una injusticia que se topen con un día importante ilegible. Y por eso, moderando mi emoción, empiezo desde el principio; el sol recién salía cuando una música endemoniada me levanto; el comienzo propicio para un día perfecto.

Me bañe con rapidez, sin haber en el cielo mas recuerdos del sol que unos cuantos pincelazos por aquí y por allá, con tonos de celeste y madrugada todavía adornando mi ventana; hoy tenía que llegar temprano para reponer esas horas que por mi moderación económica yo mismo me exigí. El día como siempre, siendo mi mejor amigo el libro de la reina del caos que por fin termino, dejándome un sinsabor en la boca de problemas pendientes y muertes innecesarias; valga decir también que el digno autor mato a todos mis favoritos y preservo a los que odiaba. Pero un dolor de cabeza surgía poco a poco, reflejando su monstruosa cara de tres cuernos y alas de serpiente en la pantalla apagada de mi monitor; un dolor de cabeza que nada quitaba. La razón, fácil de discernir, solo aumentaba el dolor con el paso de las horas; hoy era el día de mi cita nefasta, en donde o me operaban o yo salía feliz. Y fuera lo que fuera lo que pensará exactamente en ese momento, no me decepcione, para nada.

Mientras caminaba por las sucias y congestionadas de estupidez calles de San José, y todavía cargando el dolor de cabeza en mi bulto, un cansancio abrumador cayó sobre todo mi cuerpo; cualquiera que me viera habría notado un hombre mareado, posiblemente borracho, que chocaba contra gente y postes; realmente, poco me falto para desmayarme. Y como si el universo solo quisiera agravar un poco el asunto, me doy cuenta que mi amiga, mi hermana molesta cuando quiere y amiga incondicional siempre, se había equivocado al escuchar la hora de la cita y no podría llegar a tiempo. Y aún cuando le decía que posiblemente había sido mi responsabilidad cuando dije la hora y le aseguraba que no importaba, una molestia más surgía en mi interior, ocasionando que colgará el teléfono en medio de sus miles de perdones; iba cansado, adolorido, y sin nadie. Y si queremos sumarle algo, enojado con la humanidad, sacando a relucir ese Simón maligno del que sus planes y sentimientos me avergüenzo. Pero con estos estados de ánimo, logré aún llegar al nefasto cubil del dolor, llanto, alegría, y muerte. Pero más sorpresas me aguardarían adentro.

Llegó a la puerta del infierno Urológico, solo para informarme que el expediente no aparece y que como siempre, era yo el que lo tenía que buscar en archivos y más idiotas burocráticos. Obviando tal recomendación, me encamino a Dirección, en donde a fuerza de sonrisas y alegría me he ganado un puesto en el corazón de tan dignas mujeres; a pesar del dolor y cansancio, sorprendentemente me logro mostrar bastante carismático y alegre, sin poder eliminar la mirada de cansado. El caso es que luego de hablar, dar vueltas, y vacilar con las regidoras de la dirección, me encamino nuevamente con mi expediente escondido en un rollo de más sonrisas, logrando sacarlo del hospital, solo para volver a entrar y llegar al infierno nuevamente. “Aquel que entre, desespera”, como diría similarmente la puerta de Dante; tal inscripción se leía en las frentes de las secretarias. El caso es que luego de esperar bastante tiempo sentado en una incomoda banca, tratando de leer en medio de mi ansiedad infinita y preocupación de la nada, que era realmente la causa de mis desdichas, una ansiedad que llevaba acumulándose meses de meses, volviéndose más fuerte entre más cerca se estuviera de la meta. Y por supuesto, su pico fue cuando me llamaron y tuve que levantarme para encaminarme a la oficina del doctor; noté las miradas de todos como si fuera un condenado a muerte.

Saludos, y preguntas siguieron una vez entré, y exámenes requeridos. Le hice notar al doctor que ningunos exámenes habían sido requeridos, preguntando a la vez el porque. Para la operación, me respondió el digno señor; salté de mi asiento inmediata y casi literalmente, preguntando si era realmente necesario. Pero luego de una rápida inspección en que mi pene temblaba tanto como mi alma, me termino diciendo… ¡Qué no era necesaria! Y mi sonrisa fluyo libre, llevándose el dolor de cabeza, el estrés, el dolor y la ira. Igual, queda una cita pendiente para la próxima semana para abrir ese agujero privado y sensible otra vez; solo me reconforta el saber que no será como la vez pasada, en que sufrí, lloré, me deprimí y me arrepentí de no morirme con la meningitis; como bien diría el doctor, va a ser una cosa simple y sencilla. Salí del hospital, todavía con un paso cansado que dominaría mi cuerpo hasta que entré en mi apartamento, aunque mientras escribo esto, estoy más dormido que despierto. Mensajee por un lado a uno querido hermano amigo, para programar una reunión, en vísperas de la fiesta de otra amiga que me había invitado a un bar en el sublime San Pedro, fiesta a ser realizada mañana, y que por supuesto, no contará con la asistencia de este joven que esta cansado del ruido, la cerveza, los tragos, los cigarros y la histeria. Quedamos total en hablar mañana y seguir este intento de poder abrazarnos; hasta la época, él sigue siendo el único hermano que cada tanto y muy a menudo, me dice que me quiere, para escuchar una idéntica respuesta de mi parte; uno de los pocos que reconocen sus sentimientos, sin mentir ni ocultar. Y esos pocos hacen valer la pena todo, absolutamente todo.

Luego de hablar con mi hermana/amiga y ratificarle que todo había salido como era previsto, simplemente perfecto, me siento en un parque con árboles dándome una calurosa sombra, para descansar y planear el paso a seguir; poco falto para quedarme dormido. Pero el caso es que luego de una llamada a la universidad en la que ponía mis esperanzas de mi futuro, y a pesar de una ligera lucha personal y mi cansancio, me pongo de pie y con prisa empiezo a caminar para ir a la misma; hoy podía realizar el paso a seguir en mis sueños. Compré como costumbre el cangrejo delicioso que adorna una de tantas tiendas y sodas, y luego de obtener mis papeles respectivos, me siento en una banca dura para contemplar mi botín. Y una nueva sorpresa me hizo doblemente feliz… ¡Con mi nota, no había carrera a la que no pudiera entrar, estando sobrado para la que quería! Estoy me hizo sentirme sumamente orgulloso, obviando que realmente hubo una carrera a la que no hubiera entrado: Estudio de música en énfasis de piano. Por dicha, mi lado artista decidió irse por el lado de las letras y no de las notas armónicas de la poesía en clave de sol. Y con todo este conocimiento, mi sonrisa se ensanchó y orgulloso de mis logros, me monté en un bus para ir a San José planeando como llegaría a dormir. Pero nuevamente mi instinto me indico que era mejor otro de las infinitas posibilidades; un mensaje a mi padre cercano lo concreto todo.

Con prisa caminaba por medio San José, luego de darme cuenta que todavía no había pago alguno en mi tarjeta, para dar una visita breve a mi padre cercano. Mi querida prima, aquella fanática de los abrazos y sabia en cuestión de lenguas modernas, incrementando su lista o recuerdo a cada instante, me abrió la puerta con una sonrisa; se ensancho aún más al saber de donde venía. Entramos y luego de los abrazos y saludos de los correspondientes visitantes al hogar, enseñe el material obtenido, así como mi orgullo y felicidad. Hablamos sobre cortes, sobre carreras y ya al final de nuestra conversación, fui invitado a volver nuevamente a mi futura universidad, a ese hogar para mi alma hambrienta, para escuchar a mi tío cantar. Entramos con fuerza en el reducido carro y en medio de bromas, terminamos llegando; gente por todos lados, rostros hermosos, auras enormes, arte en muchas miradas, energía en muchos gestos; cabe decir que cada visita a esos campos verdes, árboles majestuosos, o gente llena de recuerdo, solo hace que mi amor por esa ciudad de recuerdo y experiencias se incremente. Escuchamos entonces el espectáculo, asombrándome por un talento que no llegó todavía a definir por mi poca habilidad temporal para apreciar el sonido; el hecho es que al final de cada canción, mi espíritu me exigió aplaudir con fuerzas por lo que él si había escuchado, sumando mis manos un concierto en sí al cálido sonido que todos hacían. Nuevamente, siendo una hermosa constante de hoy, más abrazos se sumaron, sonrisas, besos y recorridos por tiendas buscando algo que nadie sabía que era; en el viaje, mi asombro por tanto arte que se sudaba por tantos poros casi me desmaya. Pero definiendo que ya nos teníamos que ir, yo con afiche en mano regalado y botella de agua, nos fuimos a comer. Y ahí, una nueva sorpresa, como tantas hoy, sacudió mi corazón; una sorpresa caliente y acogedora.

Si una de las constantes hoy fue las sorpresas, debajo de esta categoría, la otra constante sería los encuentros amistosos. Iba caminando feliz y contento cuando mi padre cercano me indico una de las mesas y cual no sería mi alegría cuando vi en ella a una de las familias con que más cerca me relacioné siendo un niño; la familia incompleta de la que fue la mejor amiga de mi progenitora, de la cual mi padre lejano talvez podría decir alguna que otra cosa. El caso es que más y más y más abrazos surgieron de la nada, así como caricias de ternura, risas, chistes, preguntas, helados de fresa, más saludos, besos, y uno que otro duende de incógnitas. Al final, así como en la tarde había quedado con mi hermano/amigo de una reunión, un similar trato se formo con ellos; asistiría, a menos que algo surja como mejor opción, a una cena de esa festividad que me niego a creer, aprovechando como siempre sus frutos sin remordimiento alguno. Pero la noche ya había caído en nuestros hombros cansados, y despidiéndonos de todos los amigos de la noche que habían salido de no se que madrigueras, nos devolvimos a la ciudad de la contaminación, para saborear deliciosa comida china y vegetariana, cansados tanto mi padre como yo, culminando la noche con una visita al cajero y al bus que me devolvería a mi hogar; un duende de instinto me susurro que todavía no había terminado. Y como siempre, no falló.

Justo cuando planeaba terminar este diario, me llama mi madre/amiga para preguntarme, luego de mis noticias de hoy, sobre mis acciones para el próximo fin de semana; sin darme cuenta a través de mis ojos cansados, terminé siendo invitado a un viaje de placer a una finca, la misma en donde mi hermano había vivido tantas aventuras, tanto escalando su vida de piedra, tanto cabalgando el caballo de sus emociones. La conversación fue breve pero alegre, y colgando con prisa, escribo estas últimas palabras; veamos que nos depara mañana. Mientras tanto, ¡MUY BUENAS NOCHES!

sábado, diciembre 02, 2006

Un sabado intranquilo plagado de ignorancia

¿Como empezar a narrar un día en que ni yo mismo sé que siento ni que parte es escribible y que no? Pero debe ser posible; he dejado de creer en el no se puede. Entonces, con esta fuerte convicción, manos a la obra. Empecemos primero por ignorar la mañana; como todos mis sábados solo podría detallar con mayor énfasis la limpieza de siempre. Es lo que siempre hago y me hace feliz, por más que tenga que levantarme temprano cuando me gustaría dormir, y por más que llueva afuera de mi ventana y mi misma naturaleza humana me tumbé en la cama otra vez. Me bañe luego de rasurarme y depilarme como el mejor romano; por alguna razón, no hay momento en que amé más mi cuerpo que recién depilado, con el agua caliente recorriendo mi cuerpo, mi pelo que sigue creciendo ante mi gusto golpeando mi espalda, jugando con una barra de jabón que ya se gastó. Me vestí con el objeto de parecer guapo, aún cuando sabía que no tendría más cumplido que unas cuantas miradas y salí al Internet café a responder correos y poner esta semana pasada en este Blog a la vista de todos, aún cuando esta vista se reduce por el momento a solo unos cuantos. Le escribí entonces de paso a una amiga que no veo desde antes de que la enfermedad me dejará como el semi sordo que temporalmente soy, antes de que hubiera recordado tanto, antes de que la mierda y la felicidad de mis días me hicieron un poco más viejo. Pero la invito porqué recuerdo todavía su rostro y sonrisa en una tarde en que me había llovido, lo hago porqué recuerdo como estúpidamente había admitido mis sentimientos, como tiendo a hacer sin pensar, solo para sumar un rechazo más a mi lista; lo increíble es que a pesar de todo, siga haciéndolo. Pero luego de hablarle cibérneticamente a ella, tanto como a mi padre lejano discutiendo ahora mi teoría de la receta del amor, me levanto con una llamada y parto con un rostro cabizbajo. Pero para entender la llamada y la reacción, tendríamos que devolvernos en el tiempo, aunque sea por solo unas cuantas horas; les prometo volver al tiempo presente.

Ayer iba en el carro de un viejo compañero del colegio que ahora resulta ser compañero de trabajo; por muchas razones que yo mismo desconozco, nunca llegó a ser un amigo. Iba feliz, sonriente, planeando un reunión con mis amigos de los tiempos de estudio, que luego de no verlos por mucho tiempo, los extraño a montones; son ellos parte de esa gente que no dudamos en admitir que queremos montones, tanto con palabras como con abrazos. Me daba cuenta que estaban ocupados todos con exámenes, cosa que desconozco desde que trabajo, y que hasta la semana próxima se podría hablar de volvernos a ver. Sin duda alguna, y sabiendo que ya algo había avanzado, dije que sí, haciendólos prometer que a diferencia de tantas veces, no me dejarían simplemente plantado. Pero volvamos al carro. Hagánse la imagen, están sentados conmigo, venimos de trabajar, estamos riendo escuchando música que, como siempre, yo no llegaba a entender, cuando suena mi teléfono. Contestó y después de algunas palabras, mi semblante cambia, justo antes de bajarme para ir a mi casa. ¿Qué fue lo que pasó?

Lo curioso es que por el momento sigo sin saber exactamente que modifico tanto mi ánimo. La llamada era de la mujer de la olla que sigo sin saber si los ingredientes del amor se quitarán en algún momento, aún cuando ya he eliminado la mayoría; la misma que tarde o temprano sale descrita en tantas letras a lo largo de mis días. Me preguntó si podía quedarme a dormir para cuidar, no tanto a la casa, sino a ella o por lo menos, para darle compañía y tranquilizar a esa madre que es como la mía. En su momento, dije que sí, sintiendo el cambio de humor que no habría de manifestarse hasta el día siguiente; en ese exacto momento, seguí las bromas con una confusión con otra mujer, la de perfil de anteojos enormes, comí en la soda como siempre, pagué mis deudas, contraje otras, vacile, reí, jugué y me fui a dormir. Pero hoy, me doy cuenta de una llamada perdida ocurrida en mi proceso de limpieza, y mi primer instinto fue no adivinar quien era, sino la razón; mi mamà/amiga dudaba de la confianza que nos podía tener a su hija y a mí, o por lo menos y según mi creencia, a mí enteramente, tomando en consideración un pasado no tan lejano. Y desde ese momento, todavía con mi ropa de dormir y sin comer, el cambio de ánimo que en la noche anterior había sido un simple detalle, ahora tomaba todo el poder. Terminé lo que tenía que hacer en la casa, y fue cuando recibí otra llamada de la mujer de la olla amorosa, como bien podríamos llamarla por ahora, diciéndome lo que mi sentido me había dicho en la mañana con respecto a su mamá e instándome a conseguir a alguien más para no quedarnos solos. Esa fue la llamada que me hizo levantarme de la computadora, y la que me hizo caminar hasta mi casa con un sentimiento que no lograba definir. Con el mismo, leí y por una llamada más, me encaminé a este hogar tan verdadero para mí, en donde sin saber porqué, el sentimiento solo se afianzó. ¿Porqué?

Ahora duerme, con la promesa pendiente de que me levantará mañana para definir los detalles de una actividad navideña mañana en su trabajo, con fuegos artificiales, gente de rojo y verde y animales incluidos. Y la verdad, no creo que vaya; algo en mi interior me dice que no sería lo mejor. Y no sé si es porque hoy, por ser hoy, la quería ver tanto que incomoda, o porque no la quería ver del todo. Creo que tiene que ver con ella, con ella y nadie más, con esa alma que me cuenta que llora sin saber el porque, aún cuando mi intuición me menciono una posible razón; sea como sea, todavía me doy el lujo de pensar que puedo tener alguna importancia para ella, no como amigo, sino como lo que en alguna momento fui, si no para ella, por lo menos según mi perspectiva. Pero a pesar de mis consejos, el recuerdo de la tarde tiñe mi visión, la sensación de algo raro que pasaría; talvez era el conocimiento de que sería prácticamente ignorado, como bien pude predecir nuevamente, o porqué no puedo sustener la máscara de sonrisas por el momento. Talvez no sea ella la culpable; un gusano desconocido puede estar comiéndose algo mío. Pero por el momento, sintiéndome de esta forma desconocida, prefiero no ir mañana, prefiero no hacer mucho. No hasta que tenga la respuesta que busco, del porqué una intranquilidad surca mi corazón, si es eso lo que siento en el pecho. Pero a estas alturas, hasta eso desconozco. Me acuesto en un lecho de ignorancia, buscando la felicidad en un sueño o una ilusión más; pueden ser ellas las poseedoras de mi secreto. Un secreto tan oculto que ni yo recuerdo donde esta la llave.

domingo, noviembre 26, 2006

Un vago más

Hoy me doy un lujo que creo merecer; me levanto sumamente tarde, solo para bañarme más tarde aún. Me revuelco en mi cama cuando ya el sol amenaza con levantarme y como con mi ropa de dormir todavía puesta con orgullo. Y como me he tomado vacaciones hoy, mis regalos no terminan ahí; hago unos cuantos cálculos y compro comida y como en la soda con dinero que no quería gastar, pero haciéndolo con gusto. Una de las ventajas de pagarme todo yo; la decisión de que hacer cada día solo recae al final en mí, y en nadie más. Y eso me hace inmensamente feliz.

En medio del descanso, medito también. Pido tres deseos a mi Yo Mayor que aspiro fuertemente a su realización: Mi Pasaporte, una pareja y una idea para un nuevo cuento. Él me aseguro que el primero es cuestión de esperar, el segundo es cuestión de fe y el tercero es cuestión de pensar, así de fácil. Ninguna receta de cocina se podría presentar de forma más clara y concisa; un simple 1, 2 y 3.

Y antes de dormir, solo quiero decir gracias al mismo Dios que juega en mi interior. El deseo de días pasados ya se vio cumplido; la pelota de inflamación que adornaba mi vanidoso rostro ya no existe, pues solo un leve levantamiento se marca en mi hermoso rostro. Y eso, sin las medicinas que me habían pedido comprar ni nada de magia por el estilo. Por eso puedo asegurar que es un milagro más pues en todo caso no creo en ningún tipo de coincidencias. Un milagro que reafirma mi fe en la magia del mundo, asombrándome lo suficiente para ser feliz con mi vida. Ahora, solo faltan tres milagros más de los deseos pedidos hoy, si no es que se suman más para mañana. Los deseos solo se ven cumplidos para los que siguen desean en una cuota básica; el no soñar o desear nada significa lo estático, quedarse varado en un mismo lugar. Ergo, sigo soñando, constante y sublimemente.

jueves, noviembre 23, 2006

Dulce Descanso

¡Qué rico estar de vago y no hacer más que comer, dormir, ir al baño y descansar! ¡Más aún si se sabe que otros coterráneos trabajan arduamente, sentados en sillas cómodas y teléfonos que posiblemente ni lleguen a sonar! Pero por mi misma vagancia, es tan poco lo que puedo llegar a contar; levantarse tarde, comer, bañarse, ver televisión que entumece el cerebro a menos que presente un reto, comer más y dormir. Pero de lo sencillo se extraen las mejores lecciones, así que indaguemos más en estas 24 horas, con el ánimo de un Sherlock que no tiene a su Watson.

Recibo críticas de un escritor lejano, con sangre talvez caliente donde la mía se muere del frío, pero aún, la misma calaña. Admito mi poca experiencia todavía para expresarme con estas letras que adoro y por eso, pido explicaciones; quiero saber que hago malo para poder mejorar, como quiero saber lo bueno para poder sonreír. Sea como sea, son críticas necesarias que debo aprender a recibir, si realmente quiero ostentar un premio tan modesto como el Nobel. Todavía espero la respuesta, que si es retrasada, es simplemente por su extensión; un golpe psicológico puede estar naciendo en los dedos de otro hombre. Pero sigo mi premisa, todo es aprendizaje, recuerdo de nuestras divinidad. Y eso, es simplemente una étapa como todas, un día de clases más en el que apenas voy empezando. Y si me llego a desanimar, mi mantra especial levantará mi rostro como una brisa enamorada, susurrándome: ¡Cero estrés, todo es perfecto!

Me siento dependiente, como el mismo Tarot me indica, y dejando aparte mis sentimientos generales al respecto, no me incomoda. No me molesta saberme viendo televisión ajena, ni leyendo libros que no me pertenecen, donde por un lado escucho de jóvenes intrépidas hermanas de una tal Ms Darcy; no sufro al verme comiendo frijoles de latas de otros, mirando la sonrisa de mis hermanos; no reniego las medias de otros que cobijan mis dedos temblorosos, necesidad propia en este clima inclemente navideño. Soy feliz, increíblemente. Y eso, eso es lo que realmente cuenta.

Y si me quedé hasta el anochecer, fue por una razón; la promesa de ayer seguía muy caliente en mi corazón y quería ver realmente como había seguido esa mujer enorme que tantos cuartos de mi corazón ocupa; todo estaba bien, una vez comprendido el real significado del todo. Como diría alguien alguna vez, Dios obra de formas misteriosas. Yo-nosotros-Gaia-Dios somos eficientes, y en eso podemos siempre confiar. Por eso, me alegra que la guerrera siga su camino con paso firme, simplemente confiando, con una presencia que hace retroceder a las huestes de desesperación. Así pensaba al mirarla con un ojo en trance de meditación, con la música de ese joven hermoso, talentoso y simplemente maravilloso como fondo; así la veía mientras me dejaba llevar por la música y los consejos de mi Dios; ella es grande y lo sabe. Tan grande que me levanta de mi meditación, para indicarme la salida, reafirmando su cariño con su propio cansancio en sus ojos, abrazando con todo su cuerpo mi corazón delicioso. Se me cierran los ojos, solo quiero decir algo más; ¡TE QUIERO INFINITO UNIVERSO!

domingo, noviembre 19, 2006

Discreción amorosa

La saga continúa; luego de dormir en casa ajena, bañándome en mi casa, vuelvo a mi hogar. Vuelvo porque he dejado el recuerdo de cómo ver bien por simple estética y necesito de mis anteojos, tanto físicos como del alma; vuelvo porque después de una semana de soledad, ansío desesperadamente la compañía. Como, cuido el hogar abandonado en espera de un posible, mientras veía una hermosa película que me hace creer otra vez en el amor, llegando todo hasta las lágrimas. Pienso en cuantas personas han recobrado el recuerdo de la receta del amor y fueron felices; es casi lógico que si uno topa con la suerte de saber el platillo del amor con todo incluido y encontrar una persona en iguales condiciones y se ejerza una atracción, se desee vivir para toda la vida con ese ente.

No hablo de la creencia de la media naranja ni nada, sino el hecho de que relacionarse con alguien que posea igual recuerdo del amor, permite una relación libre y hermosa, en donde en lugar de robos de energía, solo hay progreso unido; las parejas que pasan años de años juntos y todavía se siguen amando, besando, abrazando, y haciendo el amor son un ejemplo de tal situación. Pienso en lo feliz del acontecimiento, de estresar entre unos brazos conocedores una persona igual de sabia y divina. Por eso lloro; anhelo tal sentimiento y sé que me falta mucho. En todo caso, uno disfruta las películas porque todo pasa rápido, 15 años son unos minutos de introducción, y una espera de décadas se vuelve una escena; la vida no se diferencia tanto; nuestra sangre es simple salsa de tomate, como diría un maestro, y nuestra vida una simple representación en el día de escuela de nuestras vidas. Por eso, me permito sonreír al final; lo que me separa del momento amoroso cumbre de mi vida es eso, un simple parpadeo.

También, y siguiendo la temática del amor, me permito unos cuantos momentos en que vuelvo a ver a una mujer, con ojos de amistad pero con un fondo de amor en el corazón. Trato de no dejarlo salir, ni en sonrisas, ni en destellos de mis ojos, ni en una voz cálida. Trato de que no se note; no busco engañar tampoco, simplemente ser discreto. Lucho, sigo luchando, contra mares de recuerdos y sentimientos, luchando por buscar el camino. En todo caso, confío en una débil intuición femenina que nada diga de cualquier desliz de mi parte; lo mejor, aún si esta reconociera una palabra de amor entre tantas, lo ignoraría y lo dejaría pasar. Pero al final del día, reflexionó: ¿Querré todavía una persona definida para estrenar mi platillo del amor una vez lo tenga?